El derecho concursal ocupa actualmente la carrera de Carlos Perelló, ámbito que, en su anterior etapa profesional dedicada a la banca de inversión, le resultaba igualmente cercano. «Sufrí varios concursos y homologaciones judiciales. Siempre me gustó el objetivo primordial de la ley concursal de recuperar empresas, pero la ejecución era muy ineficiente», detalla el directivo, licenciado en Derecho y Economía. Tras dejar atrás aquella actividad decidió, junto a dos socias, montar su propio despacho, Perelló & Biosca & Cabrera, especializado en administración concursal, preconcursos y reestructuraciones.
Valora positivamente la actual ley sobre esta materia, resultante del texto refundido que incorpora las reformas de los últimos años, pendiente aún de aprobación. Pero, ante el debate existente sobre si sacar el texto adelante o aprovechar la directiva europea para adaptarlo a ella, en su opinión, «habría que rehacer la ley incorporando las claves de la norma de Europa».
La transposición de los países tiene de plazo hasta julio de 2021, con una prórroga de un año. El abogado considera que «España no debe ser el primero en hacerlo, sino mirar a otros que ya lo han hecho, como Holanda e Italia, y ver cómo funciona para aprender e incorporar las cosas que funcionan». De esta manera, apela a la paciencia y al aprendizaje de experiencias vecinas, «ya que nos encontramos en un momento en que no se están dando grandes concursos, por lo que no existe una necesidad urgente para la transposición».
Prevención
El directivo opina que el pilar que debe sustentar la nueva ley concursal es la prevención, «la mejor solución para todo». El objetivo de esta norma debe ser prevenir para salvar empresas. Esta visión de anticiparse es la mejor manera de evitar los procesos concursales, añade, «como han demostrado las normativas instauradas en países anglosajones como Estados Unidos». Hay que inspirarse en este modelo, explica, «adaptándolo a la realidad empresarial europea». Ahora bien, reflexiona, «¿cómo ejecutarlo?» Para que una empresa pida una reestructuración preventiva, «¿debe estar en una situación de insolvencia inminente o tener la probabilidad de llegar a concurso?» Hay ciertos aspectos que quedan por definir, resalta. Se detiene en otro punto fundamental que hay que valorar: «En España las empresas ven la ley concursal como una obligación, no como un mecanismo para solucionar sus problemas. Se llega al concurso de forma obligada».
Ser realista
El enfoque que pretende Europa es más realista. «Se ha dado cuenta de que las leyes concursales de los países no funcionan como deberían, que es para reflotar empresas y puestos de trabajo».
Otro cambio que cree necesario Perelló está ligado a la figura del administrador concursal. «Asume responsabilidades importantes en estos procesos y no recibe ninguna remuneración». La fórmula es simple: «Si la empresa concursada no tiene masa (activos), no tiene remuneración». Pero la ley no permite rechazar el concurso, debe terminar el proceso, aclara. «Si se quiere una profesionalización de esta figura, con experiencia en reestructuraciones y con cualificación, la remuneración debe ser acorde», defiende.
Perelló se detiene en otra norma lanzada en los últimos años, orientada a ayudar a personas y empresarios que no pueden afrontar sus deudas: la ley de segunda oportunidad. «Su aprobación demostró la madurez jurídica de este país. El Supremo ha marcado un hito, ayudando con su interpretación de exonerar las deudas si el juez del concurso lo decide, mientras que antes era la Agencia Tributaria la que decidía», explica.
Sin embargo, Perelló concluye señalando que «hay que darle más publicidad, ya que todavía es muy desconocida». Se está utilizando muy poco en comparación con otros países. «Es una manera de poder ayudar a personas que han tenido un fracaso, siempre que demuestren buena fe», resalta.
Recetas con las que «tendríamos muchos Inditex en España»
Para Carlos Perelló son tres las lecciones más importantes aprendidas por las compañías tras la crisis.
La primera, en palabras del directivo, «es contar con una estructura de pasivo adecuada a la del activo y a las necesidades de circulante». La segunda está ligada a la especialización. Es decir, «hacer sólo lo que uno sabe hacer y crecer con cabeza favoreciendo la rentabilidad sobre el tamaño», detalla.
El tercer aprendizaje es «haber diversificado, más que por producto, por clientes, intentando no depender mucho de muy poco».
Siguiendo estas pautas, el directivo considera que «habría muchas más empresas de tamaño suficiente para ser relevantes en el plano internacional, porque realmente tenemos muy pocas para el país que somos». Perelló ilustra su explicación con un ejemplo de compañía por todos conocido: «Con estos consejos tendríamos muchos Inditex en España».


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